Hola,
Últimamente, la inteligencia artificial (IA) está hasta en la sopa. Nos bombardea tanta información que es normal sentir esa ansiedad o cosquillita por querer aprovecharla al máximo en nuestro negocio. Queremos ponernos las pilas para no quedarnos atrás.
Pero, ojo: el error más grande es querer meter la tecnología a la fuerza, sin tener una casa bien ordenada.
Hace unos días, platicando con mi tía, recordé algo fundamental que a muchos se nos olvida:
La tecnología no hace magia, punto.
Somos nosotros —con procesos claros y una estrategia bien definida— quienes logramos que una herramienta potencie el negocio.
🏪 La historia real de una papelería
Un día, mi tía tuvo una gran idea:
“¿Y si armamos una tienda en línea, jefe?”
Empezaron a darle un empujón, a improvisar, como a veces toca (primer error). A pesar de eso, el e-commerce empezó a vender bien. Pero, ¡ups! Se toparon con un muro: no tenían ni idea de cómo organizar la logística interna para surtir los pedidos. No había un plan (segundo error).
Cuando intentaron resolver el caos, la cosa se complicó más: ¿quién se encargaría de facturar y ordenar todo?
Y lo peor: la iniciativa fue de una empleada, no del jefe. Eso despertó envidias internas. El equipo de contabilidad se puso celoso y no quería que el proyecto creciera, por miedo a perder protagonismo o por sentir que era más trabajo.
Entre conflictos, desorden y falta de organización, la empresa terminó cerrando la tienda en línea y se regresó a lo de siempre: la importación.
👉 Se perdió una oportunidad valiosísima.
¿La culpa? No fue de la tecnología, sino de la falta de estrategia y de cultura organizacional.
📊 La moraleja es simple:
La tecnología no va a salvar tu negocio. La estrategia, sí.
Antes de pensar en las promesas grandilocuentes de la IA, enfócate en lo básico: lo que te da control y claridad.
Herramientas que ya conoces —como Excel, o si quieres algo más pro, Power BI o SAS— o incluso un uso más inteligente de ChatGPT (como apoyo en procesos), pueden ayudarte a darle dirección a tu empresa.
Eso te da las bases sólidas para que, cuando llegue la inteligencia artificial (o cualquier otra novedad), realmente funcione y no sea solo un dolor de cabeza más.
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