Sé que de lo que voy a hablar es realmente difícil para muchos emprendedores, pero iniciar un emprendimiento con una inversión inicial no solo es una buena práctica: es indispensable para que el negocio pueda escalar.
El ciclo mortal del emprendimiento sin capital
Pensemos en esto. Iniciamos un emprendimiento con una inversión ajustada, casi mínima. Los primeros gastos se van en lo indispensable y, cuando comienza a generar un poco de rendimiento, crash: llega el primer golpe al flujo de caja.
Porque la realidad es que iniciamos un negocio para generar dinero, no por diversión.
Tomamos esos primeros pesos y ahí cometemos uno de los errores más graves del emprendimiento: ese dinero no es tuyo, es del negocio.
Pero entonces surge la pregunta:
¿Cómo ponerte un salario si no tienes el capital para pagártelo?
Ahí radica la importancia de la inversión inicial.
¿Cuánto capital inicial necesitas realmente?
Esa inversión inicial debería cubrir, como mínimo, los gastos operativos del primer año del emprendimiento: sueldos, gastos legales, proveedores, entre otros. De esta forma, el dinero que se genere será de la empresa y no tuyo. Ese capital inicial será el patrimonio del negocio y, si todo sale bien, la idea es generar utilidades al final del año.
Si algún imprevisto llegara a suceder, al menos tendrás números y datos para buscar una inversión adicional: las famosas rondas serie A, B o las que vemos en las noticias.
Porque un inversionista no solo evalúa la viabilidad del negocio, sino también la viabilidad de ti como socio. Y si “pellizcas” el capital de tu empresa, es muy probable que no inviertan en ti.
El dilema del emprendedor promedio
Esto es complicado para el emprendedor promedio porque casi siempre iniciamos con capital limitado: nuestros ahorros, los ahorros de otros, o el poco o mucho patrimonio que logramos concentrar. Y muchas veces no es suficiente.
Financiamiento vs. Inversión semilla
Ahí entran los financiamientos. Un financiamiento también es una forma de capital, pero con una diferencia clave: cobra intereses, tiene plazos y el riesgo de caer en impago es alto si no comienzas a generar rendimientos. Es ir contra la corriente desde el inicio.
La inversión semilla, en cambio, es capital basado en la confianza. El inversionista confía en ti y en tu negocio, apuesta a que ganarás y a que generarás rendimientos en el futuro. Por eso se le llama capital de alto riesgo: porque la probabilidad de que seas rentable es baja, muy baja, y aun así el inversionista se arriesga contigo.
El problema es que muchas veces necesitas tener ya una empresa constituida para acceder a este tipo de inversión. Y cuando apenas tienes para lo indispensable, invertir en formar una sociedad se vuelve muy difícil.
Mi experiencia personal
Digo todo esto porque lo estoy viviendo. Y estoy seguro de que hay más personas como yo pasando por lo mismo.
Ha comenzado un nuevo año y con él nacen y mueren empresas y emprendimientos. El mío va naciendo, y voy documentando todo su proceso. No solo para compartirlo, sino para que, si falla, tenga la información de qué falló y no repetirlo en el siguiente intento.
La pregunta que debes hacerte
Y tú, ¿estarías dispuesto a darle tu dinero a la idea de alguien más? ¿O tendrías la fortaleza de no fallarle a quien te está confiando su capital?
Yo, con tranquilidad y firmeza, hoy puedo decir que sí.
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